Espondilitis anquilosante: síntomas, diagnóstico y tratamiento

La espondilitis anquilosante (EA) es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente a la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. Si tienes menos de 40 años, sufres dolor lumbar que empeora en reposo y mejora cuando te mueves, este artículo es para ti. La EA no es simplemente dolor de espalda: es una espondiloartropatía autoinmune que, sin diagnóstico precoz, puede provocar la fusión progresiva de las vértebras.

En España y Latinoamérica se estima que entre el 0,1% y el 0,5% de la población la padece, aunque muchos casos permanecen sin diagnosticar durante años. Cuanto antes se identifique, mejores serán los resultados a largo plazo.

¿Qué es la espondilitis anquilosante?

La espondilitis anquilosante es una forma de artritis inflamatoria crónica que afecta preferentemente el esqueleto axial: columna vertebral, articulaciones sacroilíacas, y en algunos casos las caderas y hombros. La inflamación sostenida en los puntos donde los ligamentos y tendones se insertan en el hueso (entesis) puede, con el tiempo, provocar la formación de nuevo tejido óseo que fusiona las vértebras entre sí, dando a la columna el aspecto radiológico conocido como columna de bambú.

Se clasifica dentro del grupo de las espondiloartropatías, que incluye también la artritis psoríasica, la artritis reactiva y las artropatías asociadas a enfermedades inflamatorias intestinales. A diferencia de la artritis reumatoide, que afecta principalmente las articulaciones periféricas de forma simétrica, la EA se centra en el esqueleto axial y es seronegativa (el factor reumatoide suele ser negativo).

La EA fue descrita formalmente a finales del siglo XIX, pero su reconocimiento como entidad diferenciada ha avanzado enormemente en las últimas décadas gracias a la genética y a las técnicas de imagen por resonancia magnética.

El gen HLA-B27 y por qué afecta más a varones jóvenes

Uno de los factores más estudiados en la EA es el antígeno leucocitario humano HLA-B27. Entre el 85% y el 95% de los pacientes con espondilitis anquilosante son portadores de este alelo genético, frente a un 8-10% en la población general de Europa occidental. No obstante, ser HLA-B27 positivo no implica desarrollar la enfermedad: solo aproximadamente el 2-5% de los portadores llegan a tenerla, lo que indica que otros factores genéticos y ambientales también intervienen.

La enfermedad debuta típicamente entre los 20 y los 35 años y es de dos a tres veces más frecuente en hombres que en mujeres, aunque en ellas suele presentarse de forma más leve o con mayor afectación periférica. El motivo de esta diferencia de sexo no está del todo claro, pero se cree que las hormonas sexuales modulan la respuesta inflamatoria.

Tener antecedentes familiares de EA, de artritis psoríasica o de enfermedad de Crohn aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad, ya que comparten vías inmunológicas similares.

Síntomas de la espondilitis anquilosante

Dolor lumbar inflamatorio

El síntoma cardinal es el dolor lumbar de tipo inflamatorio: aparece de forma insidiosa en personas menores de 40 años, dura más de 3 meses, empeora con el reposo nocturno —llegando a despertar al paciente en la segunda mitad de la noche— y mejora notablemente con el movimiento. Este patrón lo diferencia del dolor mecánico habitual, que suele agravarse con la actividad.

Rigidez matutina

La rigidez matutina de la columna o de las caderas que dura más de una hora es otro hallazgo característico. Muchos pacientes describen que necesitan calentarse durante la mañana antes de poder moverse con normalidad. Conforme avanza el día y con el ejercicio, la rigidez disminuye considerablemente.

Afectación de caderas y articulaciones periféricas

Hasta un 30-40% de los pacientes desarrollan coxitis (inflamación de la cadera), que puede convertirse en una de las manifestaciones más incapacitantes. Si te preguntas si tu dolor de cadera puede estar relacionado con inflamación crónica, puedes leer más en nuestro artículo sobre artritis en la cadera: síntomas, causas y tratamiento. Algunas personas también presentan inflamación en rodillas, tobillos u hombros.

Entesitis y manifestaciones extraarticulares

La entesitis (inflamación en los puntos de inserción tendinosa) es muy frecuente, especialmente en el tendón de Aquiles y en la fascia plantar, causando dolor en el talón. Entre las manifestaciones extraarticulares destacan:

  • Uveitis anterior aguda: inflamación del iris que provoca ojo rojo, dolor ocular y fotofobia. Afecta al 25-40% de los pacientes a lo largo de su vida y puede reaparecer.
  • Fatiga crónica: el estado inflamatorio sistémico genera un cansancio persistente que impacta directamente en la calidad de vida.
  • Afectación cardiovascular: mayor riesgo de insuficiencia aórtica y alteraciones de la conducción cardíaca en casos de larga evolución.
  • Compromiso pulmonar: en estadios avanzados, la fusión de las articulaciones costovertebrales puede reducir la expansión torácica y la capacidad respiratoria.

Diagnóstico: pruebas y criterios

El diagnóstico de la espondilitis anquilosante sigue siendo fundamentalmente clínico, apoyado en pruebas de imagen y analítica. El retraso diagnóstico medio sigue siendo de 8 a 10 años desde la aparición de los primeros síntomas, lo que pone de manifiesto la necesidad de mayor concienciación.

Criterios modificados de Nueva York (1984)

Son los criterios clásicos para el diagnóstico definitivo de EA:

  • Dolor lumbar inflamatorio durante más de 3 meses que mejora con el ejercicio y no con el reposo.
  • Limitación de la movilidad de la columna lumbar en los planos sagital y frontal.
  • Limitación de la expansión torácica.
  • Sacroileítis bilateral (grado 2 o mayor) o unilateral (grado 3-4) en la radiografía.

Se considera EA definitiva cuando hay sacroileítis radiológica más al menos uno de los criterios clínicos.

Resonancia magnética (RMN)

La RMN de las articulaciones sacroilíacas permite detectar inflamación activa (edema óseo subcondral) antes de que aparezcan los cambios estructurales en la radiografía convencional. Es especialmente útil en la fase precoz, que hoy se denomina espondiloartritis axial no radiológica (axSpA-nr).

Análisis de sangre y gen HLA-B27

La determinación del antígeno HLA-B27 es una herramienta de apoyo diagnóstico, no un test definitivo. Los marcadores inflamatorios (PCR y VSG) están elevados en el 50-70% de los casos activos, pero pueden ser normales en períodos de baja actividad.

Tratamiento de la espondilitis anquilosante

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

Los AINE son el tratamiento farmacológico de primera línea. Fármacos como el naproxeno, el ibuprofeno o el diclofenaco a dosis plenas son eficaces para reducir el dolor y la rigidez. Se ha sugerido que el uso continuado de AINE podría incluso frenar la progresión radiológica en algunos pacientes, aunque este efecto sigue debatiéndose en la comunidad científica.

Fisioterapia y ejercicio

La fisioterapia supervisada es imprescindible y debe combinarse siempre con el tratamiento farmacológico. Los programas de ejercicio específico mantienen la movilidad de la columna, mejoran la postura y reducen la discapacidad a largo plazo.

Terapias biológicas

Cuando los AINE no controlan adecuadamente la enfermedad, se recurre a los fármacos biológicos:

  • Anti-TNF-alfa: los inhibidores del factor de necrosis tumoral (adalimumab, etanercept, infliximab, certolizumab) fueron los primeros biológicos aprobados para la EA y siguen siendo muy efectivos.
  • Inhibidores de la IL-17A: secukinumab e ixekizumab han demostrado eficacia comparable a los anti-TNF y son una alternativa cuando estos no funcionan o están contraindicados.

Los fármacos modificadores de la enfermedad clásicos (metotrexato, sulfasalacina) tienen escasa eficacia en la afectación axial, aunque pueden usarse cuando hay articulaciones periféricas muy inflamadas.

Cirugía

Está reservada para casos severos. La prótesis total de cadera es la intervención más frecuente cuando la coxitis ha destruido la articulación. En casos de cifosis grave, se puede considerar la osteotomía correctora de columna, una cirugía compleja que debe realizarse en centros especializados.

Ejercicios recomendados en la espondilitis anquilosante

El ejercicio regular es uno de los pilares del tratamiento. La inactividad favorece la rigidez y la pérdida de movilidad. Estos son los más recomendados:

Natación y actividades acuáticas

El agua reduce la carga sobre las articulaciones mientras permite un rango de movimiento amplio. La natación a espalda, especialmente, trabaja la extensión de la columna sin impacto. Se recomiendan al menos 3 sesiones semanales de 30-45 minutos.

Pilates terapéutico

El pilates adaptado fortalece la musculatura profunda del tronco (core), mejora la conciencia postural y trabaja la movilidad de la columna de forma controlada. Es importante que la sesión esté dirigida por un profesional con experiencia en patología reumática.

Extensiones de columna

Los ejercicios de extensión, como tumbarse boca abajo y levantar el tronco apoyando los antebrazos o en posición de cobra de yoga, contrarrestan la tendencia flexora de la columna en la EA. Realizarlos a diario, preferiblemente tras calentar, ayuda a mantener una postura erguida.

Ejercicios respiratorios

Dado que la enfermedad puede comprometer la movilidad costal, los ejercicios de expansión torácica —respiraciones profundas, inflado de globos— son importantes para mantener la capacidad pulmonar.

Si también tienes molestias en las rodillas por la alteración de la biomecánica, puede interesarte leer sobre artritis de rodilla: síntomas, ejercicios y tratamiento.

Vivir con espondilitis anquilosante: ergonomía, postura y hábitos

Adaptar el entorno y los hábitos diarios marca una diferencia real en el bienestar cotidiano:

  • Colchón firme-intermedio: evita superficies demasiado blandas que favorezcan la flexión de la columna durante el sueño. Dormir boca arriba con una almohada baja o sin almohada es generalmente mejor que dormir de lado encogido.
  • Silla de trabajo ergonómica: respaldo recto, altura de pantalla al nivel de los ojos, pies apoyados en el suelo. Evitar estar sentado más de 45 minutos seguidos sin levantarse y estirarse.
  • Calzado amortiguador: especialmente si hay entesitis en el talón.
  • Evitar el tabaco: fumar agrava la inflamación, deteriora la función pulmonar y se asocia a mayor progresión radiológica en la EA.
  • Gestión del estrés: el estrés puede desencadenar brotes. Técnicas de relajación, meditación o psicoterapia pueden ser complementos útiles.

Los problemas posturales derivados de la EA pueden afectar también a la región cervical. Si experimentas dolor en el cuello, te puede resultar útil nuestra guía sobre artritis cervical: síntomas, causas y tratamiento.

Diferencias con otras espondiloartropatías

La EA es la forma más común y estudiada de un grupo más amplio de enfermedades denominadas espondiloartropatías. Estas son las principales diferencias:

  • EA vs. artritis psoríasica: la artritis psoríasica suele acompañarse de psoriasis cutánea o ungueal y tiene mayor afectación periférica asimétrica. La afectación axial es menos grave que en la EA clásica.
  • EA vs. artritis reactiva: la artritis reactiva aparece tras una infección (genital o gastrointestinal) y generalmente es autolimitada.
  • EA vs. espondiloartritis axial no radiológica: misma enfermedad, estadio más precoz. Los cambios inflamatorios son visibles en la RMN pero no en la radiografía convencional. Responde igualmente bien a los biológicos.
  • EA vs. artritis reumatoide: la AR es simétrica, afecta manos y pies, es seropositiva (FR y anti-CCP) y tiene escasa afectación axial. Puedes ampliar información en nuestro artículo sobre artritis reumatoide: síntomas, causas y tratamiento completo.

Preguntas frecuentes sobre la espondilitis anquilosante

¿La espondilitis anquilosante tiene cura?

Actualmente no existe cura para la EA. Sin embargo, con tratamiento adecuado —farmacológico, fisioterápico y con cambios en el estilo de vida— la mayoría de los pacientes logran controlar los síntomas y llevar una vida activa y de buena calidad. El objetivo terapéutico es la remisión o la baja actividad de la enfermedad.

¿Cuánto tiempo tarda en diagnosticarse?

El retraso diagnóstico medio es de 8 a 10 años desde el inicio de los síntomas. Esto se debe a que el dolor lumbar es muy prevalente en la población general y los cambios radiológicos típicos pueden tardar años en aparecer. Acudir al reumátolog ante dolor lumbar inflamatorio en una persona joven es clave para reducir este retraso.

¿Puedo hacer deporte con espondilitis anquilosante?

Sí, y es muy recomendable. El ejercicio regular es uno de los pilares del tratamiento. Se prefieren actividades de bajo impacto como natación, pilates y marcha a deportes de contacto o con gran impacto articular. Durante los brotes, se adapta la intensidad pero no se abandona la actividad.

¿La espondilitis anquilosante es hereditaria?

Tiene un componente genético importante. Los familiares de primer grado de una persona con EA tienen un riesgo 5 a 16 veces mayor de desarrollarla que la población general, especialmente si son HLA-B27 positivos. Aun así, la herencia no es determinante: la mayoría de portadores del gen no desarrollan la enfermedad.

¿Afecta la espondilitis anquilosante al embarazo?

La EA puede empeorar durante el embarazo en algunas mujeres, aunque otras experimentan mejoría. Varios de los fármacos usados para tratarla requieren ajuste o suspensión antes de la concepción o durante la gestación. Es fundamental planificar el embarazo con el equipo de reumatología.

Conclusión

La espondilitis anquilosante es una enfermedad que exige diagnóstico precoz y un abordaje integral. El dolor lumbar que mejora con el movimiento en una persona joven no debe ignorarse. Con el tratamiento correcto —antiinflamatorios, fisioterapia y, cuando se necesita, biológicos— es posible frenar el avance de la enfermedad, conservar la movilidad y mantener una calidad de vida plena.

Si sospechas que puedes tener esta u otra forma de artritis inflamatoria, consulta a un reumátolog. El diagnóstico temprano cambia el pronóstico de forma significativa.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento.