Artritis cervical: síntomas, causas y tratamiento

Artritis cervical: síntomas, causas y tratamiento

Puntos clave

  • La artritis cervical afecta a las articulaciones y discos de las vértebras C1–C7 del cuello.
  • El síntoma más frecuente es el dolor de cuello que puede extenderse a hombros, brazos y cabeza.
  • Más del 85 % de las personas mayores de 60 años tiene algún grado de desgaste cervical visible en radiografía.
  • El tratamiento combina fisioterapia, analgésicos y, en casos graves, cirugía.
  • Los ejercicios de movilidad y fortalecimiento cervical ayudan a frenar el avance de la enfermedad.

La artritis cervical es una de las causas más frecuentes de dolor de cuello en adultos a partir de los 40 años. Mucha gente la confunde con una contractura pasajera o simplemente con «hacerse mayor». No es lo mismo. Se trata de una afección específica que implica el deterioro progresivo de articulaciones, cartílagos y discos intervertebrales de la columna cervical. Entender qué ocurre ahí dentro, por qué aparece y qué se puede hacer al respecto marca una diferencia real en la calidad de vida.

En este artículo encontrarás todo lo relevante: desde los primeros síntomas hasta las opciones de tratamiento actuales, con los ejercicios que recomiendan los fisioterapeutas y las claves para prevenir que empeore.

¿Qué es la artritis cervical?

La artritis cervical, también conocida como espondilosis cervical u osteoartritis cervical, es un proceso degenerativo que afecta a las siete vértebras del cuello (C1 a C7), junto con los discos intervertebrales, las articulaciones facetarias y los ligamentos que las sostienen. Con el tiempo, el cartílago que amortigua esas articulaciones se desgasta. Los discos pierden altura. El hueso desarrolla pequeñas protuberancias, los llamados osteofitos o espolones óseos, que a veces comprimen nervios cercanos.

No es lo mismo que la artritis reumatoide. La Artritis reumatoide: tratamiento responde a un ataque autoinmune contra las articulaciones; la artritis cervical degenerativa, en cambio, obedece principalmente al envejecimiento y al uso sostenido del cuello durante años. Si quieres entender bien esa diferencia, nuestro artículo sobre la Diferencia entre artritis y artrosis lo explica con claridad.

Según datos de la Sociedad Española de Reumatología, alrededor del 85 % de las personas mayores de 60 años muestra en una radiografía algún grado de espondilosis cervical. La mayoría no tiene síntomas notables. Pero la columna cervical es especialmente vulnerable: soporta entre 4 y 6 kg de cabeza y se mueve en todas las direcciones cientos de veces al día. El desgaste no es opcional; lo que varía es cuánto duele.

Tipos de artritis cervical

Hay varios subtipos según el origen:

  • Espondilosis cervical: degeneración por envejecimiento, la más común con diferencia.
  • Artritis reumatoide cervical: inflamación de base autoinmune, más grave, que puede afectar la articulación atlantoaxial (C1-C2).
  • Artritis psoriásica cervical: ligada a la psoriasis, con un perfil inflamatorio propio.
  • Artritis cervical postraumática: consecuencia directa de lesiones previas como el latigazo cervical.

Causas de la artritis cervical

Casi nunca hay una causa única. Lo habitual es que varios factores se acumulen a lo largo de décadas hasta que el deterioro cervical se vuelve clínicamente relevante.

Envejecimiento y desgaste natural

La edad es el factor de riesgo principal. Pasados los 40-45 años, los discos intervertebrales empiezan a perder agua y elasticidad; ya no amortiguan igual. A los 50, cerca del 50 % de la población ya muestra cambios degenerativos cervicales en pruebas de imagen. No todos lo saben porque no todos lo sienten.

Factores genéticos

Si tus padres o abuelos tuvieron espondilosis cervical, tu riesgo es bastante mayor. Los estudios en gemelos indican que la genética explica hasta un 70 % de la variabilidad en el desarrollo de esta enfermedad. No es excusa para no cuidarse, pero sí conviene saberlo para empezar antes con la prevención.

Lesiones previas y traumatismos

Un latigazo cervical de tráfico que «se curó solo» puede convertirse, diez o quince años después, en el origen de una artritis cervical postraumática. Las lesiones repetitivas por gestos laborales o deportivos también suman. El cuello tiene buena memoria para los daños.

Sedentarismo y mala postura

Trabajar muchas horas con la cabeza inclinada hacia la pantalla, lo que se llama text neck, ejerce una presión desproporcionada sobre las vértebras cervicales. Con 45 grados de inclinación, la carga sobre el cuello equivale a 22 kg. Cada día. Año tras año. El resultado a largo plazo se puede imaginar.

Enfermedades autoinmunes

La artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico y la artritis psoriásica pueden afectar directamente la columna cervical. La inflamación sistémica daña el tejido sinovial de esas articulaciones y acelera su destrucción. Para entender el componente sistémico de estas patologías, el artículo sobre Reuma: qué es y síntomas es un buen punto de partida.

Otros factores de riesgo

  • Obesidad: aumenta la carga mecánica sobre toda la columna.
  • Tabaquismo: reduce el aporte de nutrientes a los discos intervertebrales.
  • Trabajos con carga de peso en la cabeza o vibración corporal prolongada.
  • Deportes de alto impacto como el fútbol americano, la lucha o la gimnasia.

Síntomas: cómo se manifiesta la artritis cervical

Aquí entra en juego algo curioso: los síntomas y el daño estructural no siempre van de la mano. Hay personas con radiografías muy deterioradas que apenas notan molestias, y otras con cambios moderados que sufren dolores intensos. Depende de si hay compresión nerviosa y de cómo cada persona procesa el dolor.

Dolor en el cuello

El dolor cervical es el síntoma más habitual. Suele ser sordo y persistente, aunque puede aparecer en episodios agudos. Se localiza en la zona posterior del cuello y empeora al girar la cabeza, al mantener una postura fija durante mucho tiempo —conducir es un ejemplo clásico— o al toser. Mejora con el reposo pero vuelve hacia el final del día.

Rigidez cervical

Levantarse por la mañana con el cuello agarrotado es otro signo típico. Los movimientos resultan limitados y dolorosos, especialmente la rotación y la extensión. La rigidez suele aflojarse a lo largo de la mañana, cuando el cuerpo se mueve y se calienta.

Dolor irradiado a hombros y brazos

Cuando los osteofitos o un disco herniado comprimen una raíz nerviosa cervical, el dolor viaja hacia el hombro, el brazo, el codo o la mano. Este cuadro se llama radiculopatía cervical y puede ser muy incapacitante. La localización exacta depende de qué raíz esté afectada:

  • C5: dolor en hombro y brazo, debilidad del deltoides.
  • C6: dolor hasta el pulgar y el índice, debilidad del bíceps.
  • C7: dolor en el dedo medio, debilidad del tríceps. Es la más frecuente.
  • C8: dolor en meñique y anular, debilidad en la mano.

Hormigueos y entumecimiento

Los hormigueos en brazos, manos o dedos son frecuentes cuando hay compresión nerviosa. El entumecimiento puede aparecer y desaparecer, o volverse constante. Muchos pacientes describen la sensación de que «el brazo se duerme» sin razón aparente. Si estos síntomas te resultan familiares, también vale la pena revisar si tiene relación con la Artralgia: qué es y cómo aliviar el dolor.

Dolores de cabeza de origen cervical

La artritis cervical puede generar cefaleas cervicógenas: dolores de cabeza que nacen en las articulaciones o músculos del cuello y se irradian hacia la nuca, las sienes o los ojos. No son migrañas. Se distinguen porque empeoran con los movimientos cervicales y responden bien a los bloqueos anestésicos en las articulaciones facetarias.

Síntomas de mielopatía cervical

En los casos más avanzados, la médula espinal queda comprimida. Eso produce síntomas distintos y más graves:

  • Torpeza manual: dificultad para abrochar botones, escribir o coger objetos pequeños.
  • Inestabilidad al caminar, sensación de piernas «de algodón».
  • Problemas de coordinación en las piernas.
  • En casos severos, pérdida de control de vejiga o intestino.

Ante cualquiera de estos síntomas, hay que ir al médico sin demora. No es algo que pueda esperar.

Diagnóstico de la artritis cervical

No existe un único test que lo confirme todo. El diagnóstico combina la historia clínica, la exploración física y las pruebas de imagen, y el médico integra todo para establecer no solo qué hay, sino cuánto afecta.

Exploración física

El médico evaluará el rango de movimiento del cuello, la fuerza en brazos y manos, los reflejos tendinosos y la sensibilidad en los dermatomas cervicales. También realizará maniobras específicas:

  • Maniobra de Spurling: compresión axial del cuello con la cabeza inclinada hacia el lado afectado; si reproduce el dolor radicular, indica compresión nerviosa.
  • Maniobra de distracción cervical: tracción suave del cuello; si el dolor alivia, confirma el origen radicular.
  • Test de Lhermitte: flexión brusca del cuello; si provoca una descarga eléctrica por la espalda, sugiere mielopatía.

Radiografía simple

La radiografía cervical es la primera prueba de imagen. Muestra la pérdida de altura discal, los osteofitos, la calcificación de ligamentos y los cambios en las articulaciones facetarias. Pero no ve tejidos blandos: nervios, médula ni discos propiamente dichos.

Resonancia magnética (RM)

La resonancia magnética cervical es la prueba de referencia cuando hay síntomas neurológicos. Visualiza los discos, las raíces nerviosas, la médula y los tejidos circundantes con mucha precisión. Es imprescindible antes de cualquier intervención quirúrgica y ante cualquier hormigueo o debilidad que no se explique de otra forma.

TC (tomografía computarizada)

La TC da una imagen detallada del hueso. Se usa cuando hay contraindicación para la RM (marcapasos, claustrofobia severa) o para planificar con precisión una cirugía.

Electromiografía (EMG) y velocidad de conducción nerviosa

Estas pruebas evalúan el funcionamiento eléctrico de nervios y músculos. Confirman si hay daño radicular real y permiten diferenciarlo de otras causas de dolor en el brazo, como el síndrome del túnel carpiano o la neuropatía diabética.

Análisis de sangre

Se solicitan cuando se sospecha un componente inflamatorio o autoinmune. Pueden incluir VSG, PCR, factor reumatoide y anticuerpos anti-CCP para descartar artritis reumatoide. Si hay afectación también en otras articulaciones, revisar la sección de Artritis en las manos puede dar contexto adicional.

Tratamiento de la artritis cervical

El tratamiento es siempre personalizado. Depende de la gravedad de los síntomas, la edad del paciente y si hay o no complicaciones neurológicas. El objetivo no es revertir el desgaste (eso no es posible hoy por hoy), sino controlar el dolor, recuperar funcionalidad y frenar el avance.

Tratamiento conservador

Analgésicos y antiinflamatorios

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno o el naproxeno son el primer escalón farmacológico. Funcionan bien para el dolor y la inflamación, pero no son para siempre: el uso prolongado acarrea riesgos gastrointestinales y cardiovasculares. Para el dolor leve-moderado, el paracetamol es una alternativa más segura y suficiente en muchos casos.

Cuando el dolor es radicular e intenso, el médico puede valorar:

  • Corticoides orales en pauta corta para brotes agudos con mucha inflamación.
  • Gabapentina o pregabalina para el dolor neuropático con hormigueos.
  • Relajantes musculares (ciclobenzaprina, tizanidina) cuando el espasmo muscular es el problema principal.
  • Infiltraciones epidurales de corticoides: se inyecta directamente en el espacio epidural cervical y puede dar alivio durante semanas o meses.

Fisioterapia

La fisioterapia es probablemente el tratamiento más valioso para la artritis cervical crónica. Un buen programa incluye terapia manual, movilizaciones articulares, tracción cervical (mecánica o manual) para descomprimir raíces nerviosas, electroterapia con TENS o ultrasonidos, termoterapia y, sobre todo, ejercicio terapéutico individualizado.

Los estudios clínicos lo dejan claro: la fisioterapia combinada con ejercicio supera al reposo absoluto y al tratamiento farmacológico aislado en el manejo del dolor cervical crónico. Moverse, bien guiado, es mejor que quedarse quieto.

Collar cervical

El collar blando puede ayudar durante días o semanas en un brote agudo. Pero usarlo durante meses es contraproducente: debilita la musculatura cervical y genera dependencia. El collar rígido queda reservado para situaciones postquirúrgicas o traumáticas específicas.

Terapias complementarias

  • Acupuntura: evidencia moderada en revisiones Cochrane para el dolor cervical crónico.
  • Masaje terapéutico: ayuda con la tensión muscular asociada.
  • Yoga y pilates cervical: mejoran postura, flexibilidad y control neuromuscular.
  • Mindfulness y técnicas de relajación: reducen la percepción del dolor y la discapacidad funcional.

Tratamiento quirúrgico

La cirugía es para pocos. Menos del 10-15 % de los pacientes acaba necesitándola, y solo cuando el tratamiento conservador no ha funcionado tras 6-12 semanas, o cuando hay déficits neurológicos progresivos o mielopatía. Las principales opciones son tres:

Discectomía cervical anterior con fusión (ACDF)

La intervención más habitual. Se extrae el disco dañado por vía anterior (desde el cuello), se descomprime el nervio o la médula, y se fusionan las vértebras adyacentes con una jaula intersomática y tornillos. Los resultados son buenos o muy buenos en el 80-90 % de los casos de radiculopatía cervical.

Artroplastia cervical (disco artificial)

Se sustituye el disco por una prótesis móvil que conserva el movimiento segmentario. Es una alternativa a la fusión en pacientes jóvenes sin inestabilidad ni artritis facetaria severa.

Laminectomía y laminoplastia

Se elimina o remodela la lámina vertebral posterior para ampliar el canal medular. Es la técnica preferida en la mielopatía cervical por estenosis de canal a varios niveles.

Ejercicios recomendados para la artritis cervical

El ejercicio específico es uno de los recursos más eficaces que existen. Fortalece los músculos que soportan el cuello, mejora la postura, reduce la rigidez y libera endorfinas que modulan el dolor. La clave está en hacerlo bien: suave, progresivo, sin forzar.

Ejercicios de movilidad

  • Flexión y extensión cervical: lleva la barbilla hacia el pecho lentamente, vuelve al centro, después inclina la cabeza hacia atrás con suavidad. 10 repeticiones.
  • Rotación lateral: gira la cabeza hacia la derecha hasta donde llegues sin dolor, vuelve al centro, repite hacia la izquierda. 10 repeticiones por lado.
  • Flexión lateral: inclina la oreja derecha hacia el hombro derecho, mantén 5 segundos, repite al otro lado. 8 repeticiones por lado.
  • Retracción cervical: lleva el mentón hacia atrás como si quisieras hacer papada. Corrige la postura de cabeza adelantada. 15 repeticiones.

Ejercicios de fortalecimiento

  • Isométricos cervicales: coloca la palma en la frente y empuja la cabeza hacia adelante mientras la mano resiste; mantén 5 segundos. Repite en las cuatro direcciones. 10 repeticiones de 5 segundos.
  • Fortalecimiento de trapecios y romboides: encogimientos de hombros circulares y retracciones escapulares (juntar omóplatos) estabilizan toda la columna cervical. 3 series de 15 repeticiones.

Estiramientos

  • Trapecio superior: inclina la oreja al hombro y, con la mano del mismo lado, ejerce una ligera tracción adicional. Mantén 30 segundos.
  • Angular del omóplato: lleva la barbilla al pecho, gira la cabeza 45 grados hacia un lado y empuja suavemente con la mano. Mantén 30 segundos.

La frecuencia ideal es 5 días a la semana. Si el dolor se intensifica durante o después del ejercicio, para. Eso no es normal y vale la pena comentarlo con el fisioterapeuta.

Prevención de la artritis cervical

El envejecimiento no se puede detener, pero sí se puede gestionar mejor. Con los hábitos adecuados, el impacto de la artritis cervical se retrasa y se reduce considerablemente.

Ergonomía en el trabajo

  • El monitor a la altura de los ojos: si tienes que bajar la cabeza para ver la pantalla, algo está mal.
  • Silla con respaldo que soporte la zona lumbar y cervical.
  • 5 minutos de pausa cada hora para mover el cuello.
  • Auriculares o altavoz en el teléfono; el cuello no es un soporte para el móvil.

Hábitos posturales

  • Duerme boca arriba o de lado con una almohada de altura adecuada que mantenga la columna alineada.
  • Boca abajo, no: obliga al cuello a girar durante horas.
  • Al coger peso, espalda recta y pies separados. Las bolsas pesadas colgadas de un solo hombro son enemigas del cuello.

Actividad física regular

La natación, el yoga, el tai chi y el pilates combinan fortalecimiento muscular, trabajo postural y estiramientos sin impacto. Son los más recomendados. La actividad aeróbica moderada, caminar o montar en bicicleta suave, mejora la circulación y el estado del tejido articular.

Control del peso y alimentación

El exceso de peso aumenta la carga mecánica sobre toda la columna. Una dieta con antioxidantes (frutas, verduras), omega-3 (pescado azul, nueces, lino) y calcio (lácteos, legumbres, almendras) contribuye a la salud del cartílago y el hueso.

Dejar de fumar

El tabaco reduce el flujo sanguíneo a los discos intervertebrales y acelera su deshidratación. Dejarlo es una de las medidas con mayor impacto real en la progresión de la espondilosis cervical. Y tiene más beneficios, claro.

Cuándo consultar al médico

No todo dolor de cuello exige una visita urgente. Pero hay señales que no deben ignorarse:

  • Dolor cervical intenso de aparición súbita sin causa aparente.
  • Dolor que baja por el brazo con debilidad muscular progresiva.
  • Hormigueos o entumecimiento en brazos, manos o piernas que no mejoran en 2-3 días.
  • Dificultad para caminar o mantener el equilibrio.
  • Problemas para controlar la vejiga o el intestino. Esto es urgente.
  • Dolor cervical con fiebre alta, pérdida de peso sin explicación o antecedentes de cáncer.
  • Empeoramiento progresivo después de 4-6 semanas de tratamiento conservador.

Ante los primeros síntomas neurológicos, acude al médico de familia. Si son graves o de aparición muy brusca, urgencias directamente. El daño nervioso tratado a tiempo es reversible; ignorado durante meses, a veces no lo es.

Preguntas frecuentes sobre la artritis cervical

¿La artritis cervical tiene cura?

No en el sentido de revertir el desgaste ya producido. Pero con el tratamiento adecuado —fisioterapia, ejercicio y, si hace falta, medicación o cirugía— la gran mayoría de los pacientes controla bien el dolor y lleva una vida normal. La diferencia está en tratarlo activamente en lugar de aguantarlo.

¿La artritis cervical puede causar mareos?

Sí. La compresión de vasos sanguíneos o nervios vegetativos en la región cervical puede producir mareos, vértigo leve o tinnitus (zumbidos en los oídos). Este fenómeno se conoce como síndrome cervicogénico y aparece con más frecuencia cuando están afectados los segmentos altos de la columna cervical (C1-C3).

¿Qué diferencia hay entre artritis cervical y hernia discal cervical?

La artritis cervical es un proceso degenerativo que afecta a toda la articulación: disco, hueso, ligamentos. La hernia discal cervical es la protrusión de un disco específico que comprime una raíz nerviosa o la médula. Las dos pueden coexistir, y la artritis avanzada es un factor de riesgo para las hernias.

¿Puedo hacer deporte con artritis cervical?

Sí, con sentido común. La natación, la bicicleta estática, el yoga, el tai chi y caminar son opciones muy adecuadas. Lo que hay que evitar son los deportes de contacto, los que exigen movimientos bruscos del cuello o los que implican carga sobre la cabeza, especialmente en pleno brote.

¿Los síntomas empeoran con el frío?

Muchos pacientes notan más rigidez y dolor cuando hace frío o hay humedad. La explicación más probable es que el frío produce vasoconstricción y aumenta la tensión muscular. El calor local —una bolsa de agua caliente, una ducha caliente— suele ayudar bastante en esos momentos.

¿Es hereditaria la artritis cervical?

Hay un componente genético claro, sobre todo en la espondilosis de inicio temprano. Si tienes familiares de primer grado con este problema, tiene sentido empezar antes con las medidas preventivas: ejercicio regular, buena ergonomía y nada de tabaco.

¿Cuánto dura un brote de artritis cervical?

Con tratamiento adecuado, entre una y cuatro semanas. Sin tratamiento o con factores desencadenantes como estrés intenso o frío prolongado, puede alargarse meses. El objetivo terapéutico es acortar los brotes y espaciarlos en el tiempo.

¿La artritis cervical afecta también a otras articulaciones?

La espondilosis cervical pura afecta solo al cuello. Pero si la causa de fondo es una enfermedad autoinmune como la artritis reumatoide, sí puede haber afectación simultánea en otras articulaciones, incluidas las manos. Puedes ampliar información en nuestro artículo sobre Artritis en las manos.

Conclusión

La artritis cervical es frecuente, molesta y, en muchos casos, tratable con eficacia. El dolor de cuello, la rigidez matutina, los hormigueos en el brazo: son señales que merece la pena tomarse en serio desde el principio. Un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado —fisioterapia, hábitos posturales, medicación cuando toca— marcan la diferencia entre convivir con el problema o que el problema te controle a ti.

Si todavía tienes dudas sobre qué tipo de artritis tienes o cómo distinguirla de otras afecciones similares, el artículo sobre la Diferencia entre artritis y artrosis puede ayudarte a aclarar el panorama.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento.