Artritis gotosa: causas, ataques y cómo controlar la gota

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Revisado por Dr. Alejandro Ruiz Martínez
Reumatólogo · Especialista en artritis

Si alguna vez has tenido un ataque de gota, no necesitas que nadie te explique lo que es el dolor. Es de esos dolores que no se olvidan: un dolor súbito, intenso, que aparece sin avisar — generalmente por la noche — y que convierte una articulación en un foco ardiente de agonía. La gota tiene fama de ser la «enfermedad de los reyes» porque se asociaba con los excesos en la comida y la bebida, pero la realidad es bastante más matizada.

¿Qué es la artritis gotosa?

La gota es un tipo de artritis inflamatoria causada por el depósito de cristales de urato monosódico (ácido úrico) en las articulaciones y tejidos circundantes. Cuando los niveles de ácido úrico en sangre superan cierto umbral — generalmente por encima de 6,8 mg/dL — el ácido úrico puede cristalizar y depositarse en las articulaciones. Estos cristales con forma de aguja irritan los tejidos y desencadenan una respuesta inflamatoria brutal.

Es importante entender que tener ácido úrico alto (hiperuricemia) no significa necesariamente tener gota. Muchas personas tienen niveles elevados sin desarrollar nunca síntomas. Pero cuanto mayor es el nivel y más tiempo se mantiene elevado, mayor es el riesgo de que los cristales se formen y provoquen problemas.

El ataque de gota

El ataque típico de gota es difícil de confundir con cualquier otra cosa. Suele empezar de madrugada, con un dolor que va de cero a insoportable en cuestión de horas. La articulación se pone roja, caliente, hinchada y extremadamente sensible. Hasta el peso de una sábana puede ser intolerable. El dedo gordo del pie (la articulación metatarsofalángica) es la localización clásica — el 50% de los primeros ataques ocurren ahí — pero puede afectar tobillos, rodillas, muñecas, codos y dedos de las manos.

Sin tratamiento, un ataque puede durar entre unos días y dos semanas. Con tratamiento adecuado, el dolor empieza a ceder en 24-48 horas. Entre ataques, la articulación vuelve completamente a la normalidad, lo que puede dar una falsa sensación de que el problema se ha resuelto.

¿Por qué sube el ácido úrico?

El ácido úrico es el producto final del metabolismo de las purinas, unas sustancias presentes en las células del cuerpo y en muchos alimentos. Normalmente, el ácido úrico se disuelve en la sangre, pasa por los riñones y se elimina en la orina. El problema surge cuando se produce demasiado o se elimina poco.

La genética es responsable de la mayor parte del riesgo. Alrededor del 90% de las personas con gota tienen una disminución de la capacidad renal para excretar ácido úrico, y esto tiene una fuerte base hereditaria. La dieta influye, pero menos de lo que se cree popularmente — se estima que la alimentación solo explica un 10-15% de la variación en los niveles de ácido úrico.

Dicho esto, ciertos factores dietéticos pueden empeorar la situación en personas predispuestas: las carnes rojas y vísceras son ricas en purinas. Los mariscos, especialmente las anchoas, sardinas y mejillones, también. La cerveza es particularmente problemática porque contiene purinas y además el alcohol dificulta la eliminación renal de ácido úrico. La fructosa — tanto en bebidas azucaradas como en zumos de fruta — aumenta la producción de ácido úrico.

Otros factores de riesgo incluyen la obesidad, la hipertensión, la enfermedad renal, la diabetes, el uso de diuréticos tiazídicos y el consumo excesivo de alcohol.

Tratamiento del ataque agudo

El objetivo durante un ataque es aliviar el dolor y la inflamación lo más rápido posible. Las tres opciones principales son la colchicina, los AINEs y los corticosteroides. La colchicina es más eficaz si se toma en las primeras 12-24 horas del ataque. Los AINEs como naproxeno o indometacina se usan a dosis altas inicialmente y se reducen gradualmente. Los corticosteroides se reservan para cuando las otras opciones están contraindicadas.

Además, reposo de la articulación afectada, aplicación de hielo envuelto en un paño (20 minutos cada pocas horas) y buena hidratación ayudan a superar el episodio.

Tratamiento a largo plazo

Tratar solo los ataques sin abordar la causa subyacente es un error que muchos cometen. Si tienes ataques recurrentes, tofos (depósitos visibles de cristales bajo la piel) o daño articular, necesitas tratamiento hipouricemiante para reducir los niveles de ácido úrico de forma permanente.

El alopurinol es el fármaco más utilizado. Se empieza con dosis bajas y se aumenta gradualmente hasta alcanzar el objetivo de ácido úrico por debajo de 6 mg/dL (o 5 mg/dL si hay tofos). El febuxostat es una alternativa para quienes no toleran el alopurinol. Un punto importante: al iniciar estos medicamentos, es paradójicamente frecuente que se produzcan ataques de gota durante los primeros meses. Esto ocurre porque al disolver los depósitos de cristales, estos se liberan temporalmente en la articulación. Por eso se suele añadir colchicina a dosis baja como profilaxis durante los primeros tres a seis meses.

Dieta y estilo de vida

Aunque la dieta no es la causa principal, las modificaciones dietéticas ayudan como complemento al tratamiento farmacológico. Reduce el consumo de carnes rojas, vísceras y mariscos ricos en purinas. Limita la cerveza y las bebidas destiladas — el vino tinto en cantidades moderadas parece tener menos impacto. Elimina las bebidas azucaradas y los zumos con fructosa añadida. Bebe abundante agua — al menos dos litros diarios — para favorecer la eliminación renal de ácido úrico.

Los lácteos desnatados pueden ser beneficiosos: contienen proteínas que favorecen la excreción de ácido úrico. El café, curiosamente, se ha asociado con niveles más bajos de ácido úrico. Las cerezas y el zumo de cereza ácida han mostrado cierta capacidad para reducir los ataques de gota en algunos estudios.

El control del peso es fundamental, pero los ayunos drásticos están contraindicados porque pueden precipitar ataques al aumentar temporalmente los niveles de ácido úrico. La pérdida de peso gradual y sostenida es la estrategia correcta.

Gota crónica: las consecuencias de no tratar

Si la gota no se trata adecuadamente, puede evolucionar a una forma crónica con depósitos de cristales permanentes llamados tofos, que aparecen como nódulos bajo la piel, generalmente en los codos, dedos, orejas y alrededor de las articulaciones. La gota crónica puede causar destrucción articular progresiva y discapacidad significativa. Además, la hiperuricemia sostenida se asocia con mayor riesgo de enfermedad renal y cardiovascular.

La buena noticia es que la gota es una de las pocas formas de artritis que se puede controlar completamente con el tratamiento adecuado. Si mantienes los niveles de ácido úrico por debajo del umbral de cristalización de forma sostenida, los depósitos se disuelven, los ataques desaparecen y la articulación se recupera. La clave está en la constancia con la medicación y los controles.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento.