Osteoartritis (artrosis): la diferencia entre artritis y artrosis y cómo manejarla
Reumatólogo · Especialista en artritis
Si hay un tipo de artritis que casi todos acabaremos conociendo de cerca, es la osteoartritis. También llamada artrosis, es la forma más común de artritis en el mundo. Conocer la diferencia entre artritis y artrosis es clave para un tratamiento adecuado y la principal causa de discapacidad en personas mayores. Pero reducirla a «desgaste por la edad» sería simplificar demasiado una enfermedad que cada vez entendemos mejor.
Más que simple desgaste
Durante mucho tiempo se pensó que la osteoartritis era simplemente el resultado del uso y el paso de los años. Tus articulaciones se gastaban como los neumáticos de un coche y punto. Hoy sabemos que la realidad es bastante más compleja. La osteoartritis es una enfermedad activa en la que intervienen procesos inflamatorios, cambios metabólicos y respuestas anormales de reparación tisular.
El cartílago, ese tejido firme pero elástico que recubre los extremos de los huesos en cada articulación, es el principal afectado. En condiciones normales, el cartílago se renueva constantemente: las células llamadas condrocitos producen nuevo tejido a la vez que se elimina el antiguo. En la osteoartritis, este equilibrio se rompe. La degradación supera a la reparación y el cartílago va perdiendo grosor y elasticidad hasta que, en los casos más avanzados, el hueso queda expuesto.
Pero no solo el cartílago está implicado. El hueso subcondral se engrosa y forma osteofitos (espolones óseos), la membrana sinovial se inflama y los ligamentos y músculos circundantes también se ven afectados. Es una enfermedad de toda la articulación, no solo del cartílago.
Factores de riesgo
La edad es el factor de riesgo más importante — a partir de los 50 años, la prevalencia aumenta de forma exponencial. Pero no es el único. El sobrepeso es un factor crucial, especialmente para las rodillas: cada kilo extra supone una carga adicional de cuatro kilos sobre las articulaciones de las piernas al caminar. Las lesiones articulares previas — un esguince grave de rodilla, una fractura — aumentan significativamente el riesgo de desarrollar osteoartritis en esa articulación años después.
La genética también cuenta. Algunos estudios sugieren que hasta el 60% del riesgo de osteoartritis de manos y cadera tiene un componente hereditario. Las mujeres tienen mayor riesgo después de la menopausia, probablemente por la disminución de estrógenos. Y ciertas profesiones que implican movimientos repetitivos o carga articular excesiva — agricultores, albañiles, deportistas profesionales — también aumentan las probabilidades.
Síntomas típicos
El dolor es el síntoma más frecuente y suele empeorar con la actividad. Después de un paseo largo, al final del día o tras estar mucho tiempo de pie, la articulación protesta. Con el reposo, mejora. La rigidez matutina está presente pero es corta, generalmente menos de 30 minutos. Esto la diferencia de la artritis reumatoide, donde la rigidez puede durar horas.
Con el avance de la enfermedad pueden aparecer crepitaciones — esos crujidos al mover la articulación —, limitación de la movilidad, hinchazón intermitente y deformidad articular. En las manos, es característico el desarrollo de los nódulos de Heberden (en las articulaciones más cercanas a la punta de los dedos) y los nódulos de Bouchard (en las articulaciones medias).
Las articulaciones más afectadas
Las rodillas son probablemente la localización más impactante por su efecto sobre la movilidad. Subir escaleras, levantarse de una silla o caminar distancias largas se vuelven cada vez más difíciles. Las caderas comparten esta problemática: el dolor puede irradiar a la ingle o al muslo y limitar actividades tan básicas como ponerse los calcetines.
En las manos, la osteoartritis afecta típicamente a la base del pulgar (rizartrosis) y a las articulaciones de los dedos. Puede hacer que tareas como abrir un bote, girar una llave o abrochar botones resulten dolorosas o imposibles. La columna vertebral, especialmente la zona cervical y lumbar, es otra localización frecuente.
Diagnóstico
El diagnóstico de la osteoartritis suele ser clínico, basándose en los síntomas y la exploración física. Las radiografías confirman el diagnóstico al mostrar estrechamiento del espacio articular, osteofitos y esclerosis del hueso subcondral. A diferencia de la artritis reumatoide, los análisis de sangre suelen ser normales, lo que ayuda a diferenciar ambas enfermedades.
Tratamiento
No existe un tratamiento que cure la osteoartritis ni que regenere el cartílago perdido. Pero hay mucho que se puede hacer para aliviar el dolor, mantener la función y ralentizar la progresión.
El ejercicio es el tratamiento no farmacológico con mayor evidencia. Ejercicios de fortalecimiento muscular, aeróbicos de bajo impacto y de flexibilidad mejoran el dolor y la función de forma comparable a los antiinflamatorios, pero sin efectos secundarios. La pérdida de peso en personas con sobrepeso es igualmente fundamental.
En cuanto a medicamentos, el paracetamol y los AINEs tópicos son la primera opción. Los AINEs orales se reservan para cuando los tópicos no son suficientes, y los corticosteroides intraarticulares pueden proporcionar alivio temporal en brotes agudos. Las infiltraciones de ácido hialurónico son otra opción, aunque su eficacia es objeto de debate.
Cuando la articulación está gravemente dañada y el dolor limita significativamente la calidad de vida, la cirugía de reemplazo articular (prótesis de rodilla o cadera) es una intervención con excelentes resultados en la mayoría de casos, permitiendo recuperar la movilidad y eliminar el dolor.
Lo más importante es no resignarse. La osteoartritis tiene tratamiento, y un enfoque activo — combinando ejercicio, peso adecuado, medicación cuando sea necesario y adaptaciones en el día a día — puede marcar una enorme diferencia en tu calidad de vida.
Colágeno para las articulaciones
El colágeno para las articulaciones se ha convertido en uno de los suplementos más populares entre personas con osteoartritis. El colágeno es la proteína estructural principal del cartílago — representa aproximadamente el 60% de su peso seco — así que la idea de aportarlo externamente tiene cierta lógica.
Los estudios disponibles se centran en el colágeno hidrolizado (también llamado péptidos de colágeno), que se absorbe mejor que el colágeno sin procesar. Varios ensayos clínicos han mostrado que dosis de 10 gramos diarios de colágeno hidrolizado durante al menos tres meses pueden reducir el dolor articular y mejorar la función en personas con osteoartritis, especialmente en rodillas.
El colágeno tipo II no desnaturalizado (UC-II) es otra forma que funciona de manera diferente: en lugar de aportar material de construcción, actúa modulando la respuesta inmunitaria para reducir la inflamación articular. Algunos estudios sugieren que dosis pequeñas (40 mg/día) pueden ser tan efectivas como la glucosamina con condroitina.
¿Funciona para todos? No necesariamente. Los resultados varían bastante entre personas y la evidencia, aunque prometedora, todavía no es tan sólida como la del ejercicio o la pérdida de peso. Lo que sí podemos decir es que el colágeno hidrolizado tiene un perfil de seguridad excelente y puede ser un complemento razonable dentro de un plan más amplio para cuidar las articulaciones. Si te interesan otros suplementos, puedes consultar nuestra guía completa de suplementos para articulaciones o leer sobre glucosamina y condroitina. También te puede interesar saber más sobre el dolor de articulaciones en general.