¿Qué es la artritis? Tipos, causas y diferencia entre artritis y artrosis

Qué es la artritis - diferencia entre artritis y artrosis

¿Qué es la artritis? Guía sobre tipos, causas y diferencia entre artritis y artrosis

Cuando alguien dice «tengo artritis», la mayoría de la gente asiente como si supiera exactamente de qué se trata. Pero la realidad es que la artritis es un mundo mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Entender la diferencia entre artritis y artrosis es fundamental para un diagnóstico correcto. No es una sola enfermedad, sino un término paraguas que abarca más de cien afecciones distintas que comparten un denominador común: la inflamación y el dolor en las articulaciones.

Entendiendo las articulaciones

Para comprender la artritis, primero hay que entender cómo funciona una articulación sana. Una articulación es el punto donde se unen dos o más huesos. Está recubierta por cartílago, un tejido firme pero flexible que actúa como amortiguador y permite que los huesos se deslicen suavemente uno contra otro. La cápsula articular envuelve la articulación y está revestida por la membrana sinovial, que produce un líquido viscoso — el líquido sinovial — que lubrica todo el conjunto.

Cuando alguno de estos componentes falla — ya sea por desgaste, inflamación autoinmune, depósito de cristales o infección — aparecen los problemas. Y según cuál sea el componente afectado y la causa del daño, hablamos de un tipo u otro de artritis.

Los tipos principales de artritis

Osteoartritis (artrosis): la diferencia entre artritis y artrosis empieza aquí

Es la forma más común y afecta a millones de personas en todo el mundo. Se produce cuando el cartílago que protege los extremos de los huesos se deteriora progresivamente. Sin esa capa protectora, los huesos rozan entre sí, causando dolor, rigidez e hinchazón. Las articulaciones más afectadas suelen ser las rodillas, caderas, manos y columna vertebral. Aunque se asocia con el envejecimiento, factores como el sobrepeso, las lesiones previas y la genética también influyen de manera significativa.

Artritis reumatoide

La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune, lo que significa que el sistema inmunológico — que normalmente nos protege de infecciones — se confunde y ataca los tejidos propios del cuerpo. En este caso, la diana principal es la membrana sinovial. La inflamación crónica resultante puede dañar el cartílago y el hueso, y si no se trata adecuadamente, provocar deformidades permanentes. Suele afectar las mismas articulaciones en ambos lados del cuerpo de forma simétrica.

Artritis gotosa (gota)

La gota aparece cuando se acumulan cristales de ácido úrico en una articulación, provocando episodios de dolor intenso, enrojecimiento e hinchazón que suelen aparecer de forma repentina. El dedo gordo del pie es la localización clásica, aunque puede afectar a cualquier articulación. Está estrechamente relacionada con la dieta, el consumo de alcohol y ciertos factores metabólicos.

Artritis psoriásica

Afecta a algunas personas que padecen psoriasis, una enfermedad de la piel caracterizada por placas rojas y escamosas. Puede aparecer antes, después o al mismo tiempo que las lesiones cutáneas. Causa dolor, rigidez e hinchazón en las articulaciones y puede variar mucho en gravedad de una persona a otra.

Espondilitis anquilosante

Este tipo afecta principalmente la columna vertebral, causando inflamación en las vértebras que puede llevar a una rigidez severa y, en casos avanzados, a la fusión de las vértebras. Suele comenzar en adultos jóvenes y es más frecuente en hombres. El dolor lumbar inflamatorio — que mejora con el movimiento y empeora con el reposo — es su sello distintivo.

Artritis juvenil

Sí, la artritis también afecta a niños. La artritis idiopática juvenil agrupa varias formas de artritis que comienzan antes de los 16 años. Puede ser leve y resolverse con el tiempo, o ser una condición crónica que requiere tratamiento prolongado. El diagnóstico temprano es fundamental para prevenir complicaciones en el desarrollo.

¿Cuáles son las causas?

Las causas varían según el tipo. En la osteoartritis, el desgaste mecánico y el envejecimiento son los principales responsables, aunque la genética juega un papel importante. En las artritis autoinmunes como la reumatoide, la causa exacta sigue sin conocerse completamente, aunque se sabe que hay una combinación de predisposición genética y factores ambientales — como el tabaquismo, ciertas infecciones y el estrés — que pueden desencadenar la enfermedad.

La gota tiene una causa bien definida: el exceso de ácido úrico en sangre. Y la artritis infecciosa se produce cuando un microorganismo — bacteria, virus u hongo — invade la articulación.

¿Quién tiene más riesgo?

Algunos factores de riesgo son comunes a muchos tipos de artritis: la edad avanzada, el sexo femenino (la mayoría de formas de artritis son más frecuentes en mujeres), los antecedentes familiares, el sobrepeso y las lesiones articulares previas. Otros son más específicos: el tabaquismo aumenta el riesgo de artritis reumatoide, mientras que el consumo excesivo de cerveza y marisco incrementa el riesgo de gota.

La importancia del diagnóstico temprano

Sea cual sea el tipo, hay algo que todos los reumatólogos coinciden en señalar: cuanto antes se diagnostique y se trate, mejor será el pronóstico. Muchas formas de artritis no tienen cura, pero los tratamientos actuales pueden frenar la progresión de la enfermedad, controlar los síntomas y permitir una vida prácticamente normal. La clave está en no ignorar los primeros signos y acudir al especialista a tiempo.

Si notas dolor, rigidez o hinchazón en tus articulaciones que dura más de unas semanas, no lo dejes pasar. Consulta nuestra sección de síntomas y habla con tu médico.