Gota: sintomas, dieta y tratamiento del acido urico elevado

Gota: síntomas, dieta y tratamiento del ácido úrico elevado

La gota tiene fama de enfermedad antigua, de reyes que comían faisán y bebían vino dulce. La realidad de hoy es bastante menos pintoresca: pacientes de oficina, conductores, mujeres después de la menopausia y deportistas aficionados que se despiertan a las cuatro de la mañana con la sensación de que alguien les ha clavado un destornillador en el dedo gordo del pie. La articulación está roja, caliente, hinchada, y duele tanto que ni siquiera tolera el roce de la sábana. Eso es una crisis de gota, y casi siempre la culpa la tiene un viejo conocido: el ácido úrico.

Qué es la gota y por qué aparece

La gota es una enfermedad reumática inflamatoria provocada por el depósito de cristales de urato monosódico en las articulaciones y en los tejidos blandos. Esos cristales se forman cuando el ácido úrico de la sangre se mantiene alto durante mucho tiempo. Hablamos de hiperuricemia cuando los niveles superan, de forma sostenida, los 6,8 mg/dL. A partir de ahí la sangre ya no es capaz de mantener el urato disuelto y empieza a precipitar, como la sal que se queda en el fondo del vaso cuando se enfría el agua.

El ácido úrico es el producto final del metabolismo de las purinas. Una parte viene de la alimentación, pero la mayor parte la fabrica el propio hígado a partir del recambio celular. Lo elimina, principalmente, el riñón. Cuando algo se desajusta en esa cadena, ya sea por producción excesiva, por eliminación insuficiente o, lo más habitual, por una mezcla de las dos cosas, el cuerpo empieza a acumular un problema silencioso que tarde o temprano da la cara.

Por qué duele tanto el primer ataque

Los cristales son afilados, microscópicos y muy irritantes. Cuando el sistema inmune se topa con ellos los identifica como una amenaza y libera una avalancha de mediadores inflamatorios. El resultado es una inflamación violenta y muy localizada que aparece en pocas horas y alcanza su pico hacia la madrugada, cuando la temperatura corporal baja un poco y la solubilidad del urato disminuye. De ahí el clásico despertar nocturno con el dedo del pie ardiendo.

Síntomas: cómo reconocer una crisis de gota

El cuadro típico es bastante reconocible una vez que se ha vivido. Conviene saber identificarlo porque cuanto antes se trate, antes se corta el ataque.

  • Dolor intenso de aparición brusca, casi siempre nocturno o de madrugada.
  • Articulación enrojecida, caliente y muy hinchada.
  • Sensibilidad extrema: la presión del calcetín o de la sábana ya resulta insoportable.
  • Limitación funcional total de la zona afectada.
  • En algunos casos, febrícula y malestar general.

La localización más frecuente es la primera articulación metatarsofalángica, es decir, la base del dedo gordo del pie. Esa presentación se conoce como podagra. Pero la gota también ataca tobillos, rodillas, muñecas, codos y dedos de las manos. Si no se controla, con los años puede afectar a varias articulaciones a la vez y dejar deformidades visibles, los famosos tofos, esos bultos blanquecinos llenos de cristales que aparecen sobre todo en orejas, codos y dorso de los pies.

Fases de la enfermedad

La gota no es un episodio aislado, es una enfermedad crónica con varias fases. Primero hay una hiperuricemia asintomática que puede durar años. Después llegan las crisis agudas, espaciadas al principio y cada vez más frecuentes. Entre crisis hay periodos intercríticos en los que el paciente se siente bien, pero los cristales siguen depositándose silenciosamente. Si no se trata, se llega a la gota tofácea crónica, con daño articular permanente y, a veces, problemas renales por depósito de cristales en el riñón.

Causas y factores que disparan el ácido úrico

La predisposición genética pesa mucho. Hay familias enteras que metabolizan mal las purinas y otras que eliminan poco urato por el riñón. Pero la genética se combina siempre con factores modificables, y ahí es donde se puede actuar.

  • Sobrepeso y obesidad, sobre todo abdominal.
  • Consumo elevado de alcohol, especialmente cerveza y licores destilados.
  • Dieta rica en carnes rojas, vísceras y mariscos.
  • Bebidas azucaradas con fructosa y zumos industriales.
  • Algunos medicamentos: diuréticos tiazídicos, dosis bajas de aspirina, ciclosporina.
  • Enfermedades asociadas: hipertensión, diabetes tipo 2, insuficiencia renal, síndrome metabólico.
  • Deshidratación, dietas muy estrictas o ayunos prolongados.

Curioso detalle: una dieta de adelgazamiento mal planteada, con pérdida rápida de peso y poca hidratación, puede desencadenar una crisis. El cuerpo libera urato al descomponer masa magra y, si encima se bebe poca agua, el riñón no da abasto. Adelgazar es necesario en muchos pacientes con gota, pero hay que hacerlo con cabeza y de forma progresiva, no a base de batidos verdes y aire.

Diagnóstico: no basta con una analítica

El diagnóstico definitivo se hace identificando cristales de urato monosódico en el líquido articular mediante microscopio de luz polarizada. Cuando esa punción no es posible, la ecografía articular y la TC de doble energía aportan mucha información sobre depósitos de cristales y tofos no visibles a simple vista.

La analítica de sangre mide el ácido úrico, pero conviene un matiz importante: durante una crisis aguda los niveles pueden estar incluso normales, porque el urato se ha depositado en la articulación. Por eso un valor de 5 o 6 mg/dL durante un ataque no descarta la enfermedad. Se recomienda repetir la analítica al menos dos semanas después del episodio, ya sin tratamiento antiinflamatorio agudo, para tener una cifra fiable.

Conviene también pedir función renal, glucemia, perfil lipídico y, si hay sospecha, una valoración cardiológica. La gota no viene sola: forma parte de un ecosistema metabólico que incluye hipertensión, dislipemia, esteatosis hepática y riesgo cardiovascular. Tratar solo el dolor sin mirar el resto es perder la oportunidad de prevenir un problema mucho mayor.

Dieta para la gota y el ácido úrico elevado

La alimentación no lo es todo, pero ayuda más de lo que muchos piensan. Una dieta bien planteada puede bajar el ácido úrico entre 1 y 2 mg/dL, y eso a veces es la diferencia entre necesitar medicación o no. Lo importante es entender la lógica, no aprenderse una lista interminable de alimentos prohibidos.

Alimentos que conviene reducir o evitar

  • Vísceras y casquería: hígado, riñones, mollejas, sesos.
  • Carnes rojas en exceso, embutidos y carnes procesadas.
  • Mariscos y pescados muy ricos en purinas: anchoas, sardinas, mejillones, vieiras.
  • Caldos concentrados de carne y extractos de carne.
  • Cerveza con y sin alcohol, licores destilados y vino en exceso.
  • Bebidas azucaradas, refrescos y zumos industriales con fructosa.
  • Bollería, azúcares añadidos y ultraprocesados en general.

Alimentos recomendables y aliados del riñón

  • Lácteos desnatados, especialmente yogur natural y leche, que ayudan a reducir el ácido úrico.
  • Verduras y hortalizas, incluidas las antes señaladas como problemáticas (espinacas, espárragos, coliflor): los estudios actuales no han confirmado que disparen las crisis.
  • Frutas frescas, con moderación en las muy dulces como uvas o higos. La cereza tiene cierto efecto antiinflamatorio interesante.
  • Cereales integrales, legumbres, frutos secos y aceite de oliva virgen extra.
  • Huevos en cantidad razonable.
  • Pescado azul de tamaño pequeño y carnes blancas, sin abusar.
  • Agua, mucha agua. El objetivo razonable son 2 a 3 litros diarios si no hay contraindicación médica.

La pauta general se parece bastante a una dieta antiinflamatoria de corte mediterráneo, con menos carne, más verdura, grasas buenas y pocos azúcares simples. Esa es la base, y a partir de ahí se ajustan detalles según el paciente.

Tratamiento de la gota: crisis aguda y prevención

Hay que separar dos escenarios que se confunden a menudo: cortar una crisis y bajar el ácido úrico de forma estable. Son cosas distintas, con fármacos distintos y tiempos distintos.

Tratamiento del ataque agudo

El objetivo es apagar la inflamación cuanto antes. Cuanto más se tarde en empezar, más durará el ataque. Las opciones habituales son los AINEs a dosis plenas durante unos días, la colchicina en dosis bajas durante las primeras horas y los corticoides orales o infiltrados directamente en la articulación. La elección depende de la edad, la función renal, la presencia de hipertensión, úlcera o cardiopatía. Durante la crisis no se inicia ni se interrumpe la medicación reductora del ácido úrico, porque cualquier cambio brusco puede prolongar el ataque.

Tratamiento de fondo para bajar el ácido úrico

Aquí entran los fármacos hipouricemiantes. El más utilizado es el alopurinol, que actúa bloqueando la enzima xantina oxidasa y reduce la producción de urato. Existen alternativas como el febuxostat para pacientes que no toleran el alopurinol y los uricosúricos, que aumentan la eliminación renal de urato y se reservan para casos seleccionados.

La regla práctica es que estos fármacos se inician después de la crisis, con dosis bajas y con cobertura preventiva de colchicina durante los primeros meses, porque al movilizar los cristales se pueden desencadenar nuevos ataques. El objetivo razonable suele ser mantener el ácido úrico por debajo de 6 mg/dL, y por debajo de 5 mg/dL si hay tofos. Y, salvo excepciones, el tratamiento es indefinido. Dejarlo cuando uno se siente bien es la receta perfecta para que la gota vuelva, normalmente peor.

Estilo de vida: lo aburrido que sí funciona

  • Mantener un peso adecuado, perdiendo despacio si hace falta.
  • Reducir el consumo de alcohol, sobre todo cerveza y destilados.
  • Hacer ejercicio aeróbico regular: caminar, nadar, bicicleta.
  • Hidratarse bien a lo largo del día, no solo cuando aprieta el calor.
  • Controlar la tensión, la glucosa y el colesterol con revisiones periódicas.
  • Revisar con el médico cualquier medicación que pueda elevar el urato.

La gota no aparece sola en el cuerpo. Suele convivir con otros problemas articulares y de tejido blando, como el dedo en gatillo en personas que ya tienen sobrecarga metabólica, o la condromalacia rotuliana en pacientes con sobrepeso que cargan la rodilla más de la cuenta. Atender la salud articular en conjunto, y no solo el dedo gordo del pie, es la mejor inversión a largo plazo.

Cuándo consultar al reumatólogo

Vale la pena pedir valoración especializada si los ataques se repiten dos o más veces al año, si aparecen tofos, si la analítica muestra hiperuricemia mantenida, si hay daño renal o si la respuesta a los fármacos no es la esperada. La medicina de familia maneja muy bien las primeras crisis, pero a partir de cierto punto el seguimiento por reumatología cambia el pronóstico.

La buena noticia es que la gota es una de las pocas enfermedades reumáticas que se puede controlar casi por completo si el paciente se implica. Una analítica al año, una alimentación sensata, agua suficiente, el tratamiento bien tomado y revisiones regulares bastan para que la mayoría de pacientes pase años, incluso décadas, sin volver a despertarse de madrugada con el dedo del pie convertido en una alarma de fuego.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento.