Artrosis de rodilla: síntomas, causas y tratamiento

La artrosis de rodilla es la causa más común de dolor crónico en las articulaciones de las piernas, y casi nadie la ve venir hasta que subir un par de escaleras se convierte en un problema. Empieza despacio: una molestia al levantarte por la mañana, un crujido raro al doblar la pierna, rigidez después de estar mucho rato sentado. Con el tiempo, eso que parecía pasajero se queda. Este artículo es para personas que notan estos primeros avisos en sus rodillas, o que ya tienen un diagnóstico y quieren entender de verdad qué les pasa y qué pueden hacer. Vamos a ver qué es exactamente la gonartrosis, por qué aparece, cómo se reconoce, en qué fases se desarrolla y, sobre todo, qué tratamientos funcionan y cuáles son humo.

Qué es la artrosis de rodilla (gonartrosis)

La rodilla es una articulación donde se encuentran tres huesos: el fémur, la tibia y la rótula. Las superficies de esos huesos están recubiertas por cartílago, un tejido liso y resistente que actúa como almohadilla y permite que la articulación se mueva sin rozamiento. La artrosis de rodilla, que los médicos llaman gonartrosis, es el desgaste progresivo de ese cartílago.

Cuando el cartílago se adelgaza y se deteriora, los huesos empiezan a rozar entre sí. De ahí vienen el dolor, la inflamación y esa sensación de que la rodilla «no va fina». El cuerpo intenta compensar y a veces forma pequeños picos de hueso en los bordes, los famosos osteofitos, que aparecen en las radiografías y que pueden limitar todavía más el movimiento. Es importante entender una cosa: el cartílago dañado no se regenera solo. No vuelve a crecer como nuevo. Por eso el objetivo del tratamiento no es «curar» la artrosis en el sentido de devolver la rodilla a los veinte años, sino frenar el avance y controlar los síntomas.

Es una enfermedad muy frecuente. Según la Organización Mundial de la Salud, la artrosis afecta a cientos de millones de personas en el mundo, y la rodilla es la articulación que más papeletas tiene de sufrirla, por delante de la cadera y de las manos. En España, los estudios de la Sociedad Española de Reumatología sitúan la prevalencia de artrosis de rodilla sintomática en torno al 10-14% de la población adulta, una cifra que sube mucho a partir de los 60 años.

Causas y factores de riesgo

La artrosis no aparece por un único motivo. Suele ser la suma de varios factores que, juntos, aceleran el desgaste del cartílago. Algunos no se pueden cambiar; otros sí, y ahí es donde se puede actuar.

  • La edad. El cartílago pierde elasticidad y capacidad de reparación con los años. Por eso la mayoría de los diagnósticos llegan después de los 50, aunque hay casos más tempranos.
  • El sobrepeso. Es probablemente el factor modificable más importante. Cada kilo de más multiplica la carga que soporta la rodilla al caminar. Se calcula que al subir una escalera la rodilla aguanta hasta tres o cuatro veces el peso corporal, así que las cuentas salen rápido.
  • Lesiones previas. Una rotura de menisco, una lesión de ligamento cruzado o una fractura que afectó a la articulación dejan el terreno preparado para que la artrosis llegue antes. Es la llamada artrosis postraumática.
  • El sexo. Las mujeres tienen más riesgo, sobre todo después de la menopausia, cuando los cambios hormonales influyen en el cartílago y en el hueso.
  • La genética. Si tu madre o tu abuela tuvieron rodillas castigadas, tus probabilidades suben. No es una sentencia, pero conviene saberlo.
  • El trabajo y el deporte de impacto. Oficios que obligan a estar mucho de rodillas, a cargar peso o a hacer movimientos repetitivos, y también ciertos deportes de alto impacto practicados sin descanso, pasan factura a largo plazo.
  • Problemas de alineación. Las rodillas en varo (piernas arqueadas) o en valgo (piernas en X) concentran la carga en una zona concreta del cartílago y la desgastan antes.

Que tengas uno o varios de estos factores no significa que vayas a desarrollar artrosis sí o sí. Y al revés: hay quien no tiene ningún factor evidente y aun así la sufre. La buena noticia es que sobre el peso, la fuerza muscular y el tipo de actividad sí tienes margen de maniobra.

Síntomas y fases de la artrosis de rodilla

El síntoma estrella es el dolor, pero no aparece de cualquier manera. Al principio es un dolor mecánico: duele cuando usas la rodilla y mejora con el reposo. Duele al caminar mucho, al subir o bajar escaleras, al levantarte de una silla baja. Con el tiempo, si la cosa avanza, el dolor puede aparecer incluso en reposo o por la noche.

Junto al dolor suelen ir otros acompañantes:

  • Rigidez, sobre todo al empezar a moverse después de estar parado. Esa sensación de rodilla «oxidada» que cede tras unos minutos de actividad es muy típica. Si quieres profundizar en ese síntoma concreto, tenemos una guía sobre la rigidez articular matutina y cómo aliviarla.
  • Crujidos y chasquidos (lo que los médicos llaman crepitación) al doblar o estirar la pierna.
  • Hinchazón por acumulación de líquido cuando la articulación se inflama.
  • Sensación de inestabilidad, como si la rodilla fuera a fallar o a doblarse en el momento menos pensado.
  • Pérdida de movilidad: cuesta flexionar o estirar la pierna del todo.

La artrosis no es igual en todo el mundo ni se mantiene estable. Los médicos suelen describir su evolución en fases, que se valoran combinando los síntomas con lo que se ve en la radiografía (la clasificación de Kellgren-Lawrence es la más usada). Esta tabla resume cómo se comporta cada etapa:

Fase Estado del cartílago Síntomas habituales Qué se ve en la radiografía
Inicial (leve) Desgaste mínimo, casi imperceptible Molestias ocasionales tras esfuerzo, algún crujido Posibles osteofitos pequeños, espacio articular normal
Moderada Adelgazamiento claro del cartílago Dolor más frecuente, rigidez matutina, hinchazón puntual Reducción del espacio articular, osteofitos visibles
Avanzada Cartílago muy reducido en varias zonas Dolor en muchas actividades, movilidad limitada Espacio articular muy estrecho, esclerosis del hueso
Grave Cartílago prácticamente desaparecido, hueso con hueso Dolor casi constante, incluso en reposo, deformidad Contacto óseo, grandes osteofitos, deformidad evidente

Conviene quedarse con un matiz importante: lo que se ve en la radiografía y lo que siente el paciente no siempre coinciden. Hay rodillas con un desgaste tremendo en la imagen que duelen poco, y rodillas con cambios moderados que dan mucha guerra. Por eso el tratamiento se ajusta a la persona, no solo a la placa.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico empieza con una conversación y una exploración. El médico pregunta cuándo duele, cómo empezó, qué actividades lo empeoran, y después examina la rodilla: comprueba el rango de movimiento, busca puntos dolorosos, escucha si cruje y mira si hay hinchazón o deformidad. Buena parte del diagnóstico se hace ahí, sin necesidad de máquinas.

La radiografía es la prueba de imagen de referencia. Muestra el estrechamiento del espacio entre los huesos, los osteofitos y los cambios en el hueso. Es barata, rápida y suficiente en la mayoría de los casos. La resonancia magnética se reserva para situaciones especiales, por ejemplo cuando se sospecha que también hay una lesión de menisco o de ligamentos, o cuando los síntomas no cuadran con lo que se ve en la radiografía. A veces se piden análisis de sangre, no para diagnosticar la artrosis en sí, sino para descartar otras enfermedades que también inflaman las articulaciones, como la artritis reumatoide o la gota.

Si el dolor se reparte por varias articulaciones o tienes dudas sobre si lo tuyo es artrosis o artritis, merece la pena distinguir bien ambos conceptos antes de empezar cualquier tratamiento, porque el abordaje cambia bastante.

Tratamiento de la artrosis de rodilla

Aquí va la parte que de verdad importa. No existe una pastilla mágica que regenere el cartílago, pero sí existe un conjunto de medidas que, bien combinadas, reducen el dolor, mejoran la movilidad y frenan el avance. El tratamiento se construye por capas, empezando siempre por lo menos invasivo.

Ejercicio y movimiento

Suena contradictorio decirle a alguien que le duele la rodilla que se mueva más, pero es lo primero que recomienda cualquier guía clínica seria. El ejercicio fortalece los músculos que rodean la articulación, sobre todo el cuádriceps, y unos músculos fuertes descargan trabajo de la rodilla. Además mantiene el cartílago nutrido (se alimenta del movimiento) y mejora la lubricación articular. Lo que se busca es actividad de bajo impacto: caminar, nadar, bicicleta estática, ejercicios en el agua. Lo que conviene esquivar son los impactos repetidos y los giros bruscos.

Fisioterapia

Un fisioterapeuta diseña un programa a medida, corrige la forma en que mueves la pierna y enseña ejercicios específicos para fortalecer sin sobrecargar. También aplica técnicas para reducir el dolor y la rigidez en los momentos malos. No es un lujo: en artrosis de rodilla, la fisioterapia es una de las intervenciones con mejor relación entre esfuerzo y resultado.

Control del peso

Si hay sobrepeso, perder kilos es de las medidas más rentables que existen. Los estudios muestran que reducir incluso un 5-10% del peso corporal disminuye notablemente el dolor de rodilla. Cada kilo perdido se nota multiplicado en la articulación. No hace falta ponerse delgado de revista; con bajar de forma sostenida ya se aprecia la mejora. La alimentación juega un papel doble aquí, porque además del peso influye en la inflamación. Una dieta antiinflamatoria para la artritis puede ser un buen punto de partida para cuidar las dos cosas a la vez.

Opciones médicas

Cuando el dolor no se controla solo con ejercicio y peso, entran los fármacos. El paracetamol se suele usar como primera opción por su perfil de seguridad. Los antiinflamatorios no esteroideos (los famosos AINE como el ibuprofeno o el naproxeno) reducen el dolor y la inflamación, pero no conviene abusar de ellos porque tienen efectos secundarios digestivos y renales; deben usarse el menor tiempo posible y con criterio médico. También existen geles y cremas antiinflamatorias de aplicación local, útiles para quien quiere evitar las pastillas.

En casos concretos, el médico puede plantear infiltraciones dentro de la articulación: corticoides para apagar un brote inflamatorio agudo, o ácido hialurónico para mejorar la lubricación. Su eficacia varía de una persona a otra y se valoran individualmente.

Mención aparte para los suplementos. La glucosamina, la condroitina, el colágeno o el ácido hialurónico oral son populares entre quienes tienen artrosis. La evidencia científica sobre ellos es mixta: algunas personas notan alivio y otras no aprecian diferencia, y los grandes estudios no son concluyentes. No sustituyen al ejercicio ni al control del peso, pero como complemento, y siempre comentándolo con el médico, hay quien los incorpora. Si te interesa entender uno de los más usados, puedes leer sobre el colágeno para las articulaciones y cómo tomarlo.

Cirugía y prótesis

La cirugía es el último escalón, no el primero. Se reserva para los casos en los que el dolor es incapacitante, la movilidad está muy limitada y todo lo demás ha fracasado. La intervención más conocida es la prótesis de rodilla, en la que se sustituye la articulación desgastada por una artificial. Es una cirugía con resultados muy buenos en alivio del dolor y recuperación de la función, pero implica una operación mayor, una rehabilitación de meses y, como toda prótesis, una vida útil limitada. Por eso no se hace a la ligera ni demasiado pronto. En personas más jóvenes o con desgaste localizado a veces se valoran otras opciones, como la osteotomía, que realinea el hueso para repartir mejor la carga.

Ejercicios recomendados para la rodilla

Estos son algunos de los ejercicios que suelen formar parte de un programa para artrosis de rodilla. Conviene empezar poco a poco y, si es posible, validarlos con un fisioterapeuta antes de lanzarse, sobre todo si hay dolor agudo.

  • Fortalecimiento del cuádriceps. Sentado en una silla, estira lentamente una pierna hasta dejarla recta, mantén unos segundos y baja despacio. Repite con cada pierna. Trabaja el músculo clave para proteger la rodilla.
  • Elevaciones de pierna recta. Tumbado boca arriba, con una pierna doblada y la otra estirada, levanta la pierna estirada unos centímetros y bájala con control. Fortalece sin cargar la articulación.
  • Puente de glúteos. Tumbado, con las rodillas dobladas y los pies apoyados, eleva la cadera apretando los glúteos. Refuerza la cadena posterior, que también descarga la rodilla.
  • Bicicleta estática suave. Pedalear sin resistencia mantiene la movilidad y nutre el cartílago con un impacto mínimo.
  • Estiramientos de isquiotibiales y gemelos. Mantener flexibles los músculos de la parte trasera de la pierna reduce la tensión sobre la articulación.

La regla de oro: si un ejercicio dispara el dolor, hay que parar y revisarlo. Un poco de molestia tolerable es normal al principio; un dolor agudo que va a más, no.

Qué conviene evitar

Tan importante como saber qué hacer es saber qué no hacer. Algunas costumbres empeoran la artrosis de rodilla sin que nos demos cuenta:

  • El sedentarismo absoluto. Quedarse quieto por miedo al dolor debilita los músculos y empeora la rigidez. Reposar un brote agudo está bien; convertir el reposo en estilo de vida, no.
  • Los impactos repetidos. Correr sobre asfalto duro, saltar o practicar deportes de mucho golpe sin preparación castiga el cartílago dañado.
  • Cargar peso de forma incorrecta. Levantar cosas pesadas con las rodillas mal colocadas multiplica la presión sobre la articulación.
  • Abusar de los antiinflamatorios. Tirar de ibuprofeno todos los días por tu cuenta tapa el dolor pero no soluciona nada y suma riesgos.
  • Ignorar el sobrepeso. Es el factor que más se nota y el que más cuesta abordar, pero dejarlo de lado condena el resto del tratamiento.
  • El calzado inadecuado. Suelas rígidas o sin amortiguación transmiten más impacto a la rodilla con cada paso.

Vivir con artrosis de rodilla

Convivir con artrosis no significa renunciar a una vida activa. Significa aprender a gestionar la articulación con cabeza. La mayoría de las personas con gonartrosis llevan una vida normal durante años, ajustando hábitos y escuchando a su cuerpo. La clave está en la constancia: el ejercicio funciona si se hace de forma regular, no a ratos sueltos cuando aprieta el dolor.

Ayuda mucho organizar el día para no sobrecargar la rodilla de golpe, alternar actividad y descanso, y usar el frío o el calor según el momento (frío para la inflamación aguda, calor para la rigidez). Cuidar la rodilla también pasa por cuidar el resto del cuerpo, porque las articulaciones trabajan en cadena. Si una falla, las vecinas lo notan. Quien tiene artrosis de rodilla conviene que vigile también otras zonas; por ejemplo, hay relación entre los problemas de rodilla y la artrosis de cadera, sus síntomas, causas y tratamiento, y conviene atender ambas si aparecen.

Por último, paciencia y expectativas realistas. La artrosis es crónica, va a tener días mejores y días peores, y no hay atajos milagrosos. Pero con un plan bien hecho (movimiento, peso a raya, fisioterapia y los fármacos justos cuando hacen falta) se puede mantener el dolor a raya y seguir haciendo lo que importa.

Preguntas frecuentes

¿La artrosis de rodilla tiene cura?

No, la artrosis no tiene cura porque el cartílago desgastado no se regenera. Pero eso no significa resignarse. Con ejercicio, control del peso, fisioterapia y los tratamientos médicos adecuados se puede frenar su avance, reducir el dolor y mantener una buena calidad de vida durante muchos años.

¿Puedo hacer ejercicio si me duele la rodilla?

Sí, y de hecho es recomendable. El ejercicio de bajo impacto, como caminar, nadar o pedalear, fortalece los músculos que protegen la rodilla y mejora los síntomas. La excepción son los brotes de dolor agudo, en los que conviene reposar unos días. Si un ejercicio dispara un dolor fuerte, hay que parar y consultar.

¿Sirven de algo la glucosamina y el colágeno?

La evidencia científica es mixta. Algunas personas notan alivio con suplementos como la glucosamina, la condroitina o el colágeno, y otras no aprecian diferencia. No sustituyen al ejercicio ni al control del peso, pero pueden usarse como complemento. Lo sensato es comentarlo con el médico antes de empezar.

¿Cuándo hay que operarse de la rodilla?

La cirugía, normalmente una prótesis, se plantea solo cuando el dolor es incapacitante, la movilidad está muy reducida y los tratamientos conservadores ya no funcionan. Es el último recurso, no el primero. Mucha gente con artrosis nunca llega a necesitar operarse si maneja bien la enfermedad desde el principio.

¿La artrosis de rodilla y la condromalacia son lo mismo?

No son lo mismo, aunque están relacionadas. La condromalacia rotuliana es un reblandecimiento del cartílago de la rótula, frecuente en personas más jóvenes, y a veces precede a la artrosis. Si tu dolor se concentra en la parte delantera de la rodilla, puede interesarte la información sobre la condromalacia rotuliana, sus síntomas y tratamiento.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier tratamiento.